La buena comunicación es más útil para los científicos que cualquier habilidad técnica
Los procesos de selección en las industrias farma y biotech suelen concluir con una situación muy concreta. Después de varias cribas entre candidatos, en las que se evalúan las habilidades técnicas y la experiencia, solo dos llegan a la entrevista final. Sus perfiles son prácticamente idénticos, y realmente cualquiera vendría bien para el trabajo en sí. Pero la empresa se queda, prácticamente siempre, con el que mejor comunica. Con quien ha explicado mejor lo que sabe, por qué le apasiona ese puesto y qué valor puede ofrecer.
Por más que se vea como un elemento secundario en la academia, la comunicación lleva décadas figurando en todas las listas de habilidades demandadas por la industria. Es lógico: en cualquier empresa, sea de lo que sea, se valora la claridad y el trabajo en equipo por encima de cualquier skill. Y eso, evidentemente, tiene que ver con la comunicación.
Sin embargo, el ecosistema científico español sigue quedándose muy atrás en este aspecto. Si bien forma profesionales extraordinariamente competentes desde el punto de vista técnico, muy pocos salen de la universidad sabiendo transmitir sus conocimientos. Pero ¿por qué pasa esto? Y sobre todo ¿cuáles son los “trucos” que un científico puede aplicar para salir de este pozo?
El punto ciego que acaba con carreras brillantes
Solo hay que echar un ojo a la industria internacional para darse cuenta de que las carreras científicas en España tienen un nivel técnico de primera. De los grados en Biología, Biotecnología, Farmacia o Bioquímica surgen profesionales con una capacidad analítica y un rigor metodológico muy por encima de la media. No obstante, los programas universitarios no suelen incluir —salvo contadísimas excepciones— ningún tipo de formación orientada a la comunicación o la divulgación.
Por supuesto, esto provoca que los recién graduados se encuentren con un punto ciego que les lastra a lo largo de sus carreras. Según datos de Hays recogidos en su informe de tendencias de empleo, la falta de habilidades interpersonales y comunicativas se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la inserción laboral de jóvenes profesionales, especialmente en perfiles técnicos. Y sin embargo, desde Farmaindustria también se señala la comunicación eficaz como la primera soft skill que las empresas del sector buscan en sus candidatos.
Pero el problema de fondo no es que los científicos no sepan comunicar, sino que no han tenido oportunidad real de practicar esta habilidad. Al final, escribir un paper exige precisión y densidad. Pero presentar tus ideas a un equipo, a un cliente o a un comité directivo, algo mucho más habitual en las empresas, exige algo totalmente distinto. Una habilidad distinta que raramente se entrena en la universidad.
Y no es cuestión del rol en sí al que quiere acceder el científico. La comunicación no es solo para quienes buscan trabajar en comunicación científica o en roles de marketing. Es, realmente, una habilidad básica que se valora en el sector biotech y farma. De hecho, hagamos un repaso de su importancia:
En Medical Affairs y MSL, la comunicación es la esencia del rol en sí. El Medical Science Liaison actúa como enlace entre la evidencia científica de la compañía y los líderes de opinión médica. Por ello, el científico necesita ser capaz de traducir datos complejos a un lenguaje comprensible para distintos tipos de interlocutores, desde médicos clínicos hasta gestores hospitalarios. Por eso, un MSL técnicamente brillante pero incapaz de construir una conversación de confianza con un KOL no puede ejercer su función.
En ventas y delegados comerciales, el conocimiento del producto es el punto de partida, pero no nos engañemos: la clave aquí es comunicar bien. Saber escuchar, identificar la necesidad del cliente, adaptar el discurso y generar confianza son competencias comunicativas puras. De esta forma, un delegado comercial científico que logre combinar rigor técnico con buena comunicación estará muy por encima del resto.
En Regulatory Affairs, la comunicación va por otro lado, pero es igual de importante. En este caso, la claridad escrita es lo que se busca. Redactar dossiers, elaborar respuestas a requerimientos de agencias regulatorias o comunicar internamente el estado de un expediente exige la capacidad de estructurar información de forma clara, precisa y persuasiva.
En gestión de proyectos e I+D, aún resulta más importante. Al final, coordinar equipos multidisciplinares requiere comunicar de la mejor forma para que todos vayan a una. Así, el project manager científico que no domina estas herramientas comunicativas acaba siendo percibido como alguien inútil para este puesto.
Y en consultoría científica, buena parte del valor se encuentra en la capacidad de presentar conclusiones complejas de forma accesible. De esta forma, saber escribir un informe, preparar una presentación ejecutiva o moderar un workshop técnico son habilidades que los consultores científicos necesitan sí o sí.
Lo que ocurre en las entrevistas: el momento clave donde todo se evidencia
Pero hay un momento donde la brecha entre quienes comunican bien y quienes no tienen ni idea de hacerlo se hace evidente: las entrevistas. Un candidato con un perfil técnico excelente que no puede explicar con claridad en qué consiste su tesis doctoral, qué aprendió de ella y por qué eso es relevante para el puesto pierde claramente frente a un candidato técnicamente más modesto pero capaz de construir una narrativa coherente.
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Y no es cuestión de falsear nada ni de vender humo. Al contrario: aquí la clave está en entender lo que vales, lo que sabes y en saber transmitirlo bien. Por supuesto, esto no es algo fácil. Requiere entrenamiento. Pero quienes trabajamos en orientación profesional para el sector científico evidenciamos constantemente este patrón: personas con un potencial enorme que salen de las entrevistas sin haber logrado transmitir lo que realmente valen.
Solo hay que echar un vistazo a LinkedIn para entender la dimensión del problema. Un perfil bien construido, con una propuesta de valor clara, puede abrir conversaciones con reclutadores y directivos sin necesidad ni siquiera de mostrar su CV. Sin embargo, la mayoría de científicos tienen perfiles incompletos o genéricos, porque perciben la auto-presentación pública como algo ajeno a su identidad profesional.
Además, hay un factor clave reciente que está poniendo en valor aún más la buena comunicación: la IA. La llegada de la inteligencia artificial está cambiando la ecuación de valor en el mercado de trabajo. En general, las tareas más codificables y rutinarias, incluyendo algunas que hasta hace poco requerían formación técnica avanzada, están siendo automatizadas o asistidas por IA con una rapidez pasmosa.
Pero lo que la IA no puede reemplazar de momento son las capacidades genuinamente humanas, como la empatía, la negociación o la construcción de relaciones de confianza. Y, en el centro de todo esto, como podéis ver, está la comunicación. En general, la IA está convirtiendo la comunicación en el principal factor de diferenciación humana en el mercado laboral. Quienes ya han desarrollado esa capacidad ganarán posiciones. Pero quienes no la han trabajado en los últimos años, verán que no tienen recursos a los que amoldarse. Porque la técnica ya no es suficiente
¿Se puede trabajar la comunicación para no perder oportunidades en ciencia?
Pero no os desaniméis. La buena noticia de todo esto es que, aunque pueda parecer lo contrario, la comunicación se entrena como cualquier otra habilidad. Por más que haya personas más o menos carismáticas, no se trata de un rasgo de personalidad innato. En realidad, es una habilidad que se desarrolla con práctica y con método. Pero ¿por dónde puedes empezar? No te agobies y sigue algunas claves concretas para perfiles científicos:
En primer lugar, comienza por explicar lo propio. ¿Puedes explicar tu tesis doctoral en dos minutos para alguien sin formación técnica? (tu madre, colega o primo sirve) ¿Puedes explicar en tres frases por qué tu perfil es relevante para el puesto al que aplicas? Si la respuesta es no, ahí está el trabajo que hay que hacer.
Segundo, escribe regularmente. Y no con IA, por favor. La comunicación escrita en el ámbito profesional se mejora con práctica deliberada. Así que aprender a escribir de forma estructurada, con un objetivo claro y pensando en el lector, es una habilidad que se afina como cualquier otra. Y para ello, por cierto, no hay nada mejor que leer: si no lees, nunca sabrás comunicar correctamente. Así que asómate a la estantería y desempolva todas esas novelas que nunca te has atrevido a tocar.
Tercero, busca exposición. A comunicar se aprende comunicando (y escuchando cómo comunican). Así que busca congresos, foros y deambula por LinkedIn intentando buscar, de entre toda la paja de ChatGPT, posts que transmitan algo real. Cada interacción donde se pone en juego la capacidad de comunicar es una oportunidad de aprendizaje.
Y cuarto, entiende que la comunicación no es postureo. El objetivo no es parecer algo que no se es, sino aprender a transmitir lo que realmente se es y lo que realmente se vale. Esa es la diferencia clave.
Una oportunidad de oro: la ciencia necesita voces que sepan hablar
La buena noticia aquí es que… no estás solo. El ecosistema científico español tiene talento de sobra, pero lo que escasea son perfiles capaces de mover ese talento del laboratorio o del aula al mundo profesional con la misma competencia con la que manejan un protocolo o interpretan datos.
En definitiva, debe quedarte claro que la comunicación no es un añadido cosmético a la formación científica. Es una competencia clave que te ayudará a acceder a mejores puestos y a crecer dentro de la industria.
¿Tienes claro cómo estás comunicando tu valor profesional hoy? En la comunidad de Bioemprender llevamos años trabajando con científicos en esta transición. La conversación siempre empieza en el mismo punto: aprender a contar lo que ya sabes hacer.
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