Sabías que los animales de agua dulce desaparecerán antes que los terrestres y los marinos

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jueves, 9 julio, 2020
Bioemprender

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En salud existe un triángulo que conecta la salud ambiental, la salud humana y la salud animal entre sí. Esta concepción de la salud se conoce como ONE HEALTH y en los últimos años está cobrando protagonismo a nivel global, por la necesidad de valorar toda consecuencia en función de factores de cualquier naturaleza.

De esta manera, la alteración del bienestar de cualquier especie se convierte en predisposición a la enfermedad en esa especie directamente y en el resto de las especies con las que se relaciona, indirectamente.

Los expertos afirman que los animales de agua dulce están desapareciendo más deprisa que los terrestres o los marinos; en concreto, aquellos que habitan las desembocaduras de los ríos. La contaminación está provocando una reducción del tamaño de las poblaciones de peces. Con la disminución de éstas, se produce un aumento en las de insectos, que, como hemos comentado en anteriores posts, pueden ser vectores de enfermedades infecciosas como la malaria o el dengue.

Aunque no siempre se mire con buenos ojos, los programas de cría en cautividad parecen ofrecer una solución a este problema.

Cuando hablamos de contaminación a nivel fluvial, nos referimos sobre todo a contaminación con fármacos: antibióticos, analgésicos, antidepresivos, antiinflamatorios… Esta contaminación se debe principalmente a la orina.

Se ha observado que en algunos ríos los niveles de anticonceptivos pueden llegar a ser más altos que los niveles en sangre. Estos, en concreto, tienen un efecto en la reproducción de los peces: feminización de los machos, hinchazón de los lóbulos espermáticos y muerte de células germinales (esterilización) entre otros.

Pero quizás lo más grave no es la contaminación en sí, sino que la legislación europea todavía no ha propuesto su regulación, por ejemplo, de fármacos anticonceptivos; por tanto, las depuradoras no disponen de sistemas para eliminarlos del agua. Esta agua de la que no se consiguen eliminar los residuos se usa para regar los cultivos que acaban llegando al consumo humano y al ganado.

BIOACUMULACIÓN

Además de los fármacos, hay otras sustancias o elementos que tienen peores efectos: persisten en el medio y se acumulan. Así, poco a poco, encuentran su lugar en la cadena trófica y van sumándose hasta alcanzar niveles muy tóxicos.

Uno de los ejemplos más conocidos es el del metilmercurio (CH3Hg), que se acumula en algunos peces que después se destinan a consumo a humano, como el atún o el pez espada. Una concentración elevada de esta sustancia puede causa causar daños neurológicos en los fetos de madres gestantes, principalmente en los primeros estadios del embarazo. Este es el motivo por el que se aconseja a las mujeres embarazadas no consumir pescado durante las primeras semanas, puesto que el feto es más sensible en ese momento. No está de más saber que el metilmercurio también puede tener efectos negativos sobre la fertilidad.

Otro ejemplo, menos popular, es el del plomo de los perdigones de caza. Estos perdigones pueden atravesar la carne del animal y dejar residuos al entrar en contacto con la misma. La carne de caza sirve de alimento, por lo que en la mayoría de los casos la carne contaminada pasará por un proceso de cocción en el que la biodisponibilidad del metal aumentará con la temperatura; y si, además, se usan productos ácidos como el vinagre, se la biodisponibilidad se dispara. Y, ¿qué ocurre con los perdigones que no alcanzan al animal? Pueden permanecer en tierra y ser ingeridos accidentalmente por otro animal. Los animales que han ingerido perdigones tienen niveles aún más altos de plomo.

Sabías que… Las aves rapaces pueden servir como medidores de bioacumulación

Hasta ahora hemos visto de qué forma los fármacos y otros elementos como el mercurio y el plomo afectan al ambiente, a los animales y de vuelta a nosotros mismos. Pero existen muchísimos más tipos de contaminantes. Los ftalatos son compuestos que aportan flexibilidad y transparencia a los materiales, generalmente a los plásticos; y estos junto con los protectores UV, los perflurinados, los retardantes de llama y el gasóleo también son sustancias que pueden tener efectos sobre la fertilidad.

Y, ¿cómo podemos saber en qué medios y en qué concentraciones se encuentran estos contaminantes? La metodología varía en función de aquella sustancia o elemento que se busca. La biotecnología tiene un importante papel en el desarrollo de biosensores para la detección de cualquier analito por pequeña que sea la cantidad en que se encuentra.

Pero, además de los sensores que podamos construir nosotros, hay indicadores en la naturaleza a partir de los que se pueden hacer distintas. Un buen indicador son las aves rapaces. Están al final de la cadena trófica y se han realizado estudios en los que se analizan sus plumas en busca de compuestos bioacumulables.

Tal como vemos visto, hay evidencia de que existe una relación entre la salud ambiental, la salud humana y la salud animal. Pero, por más que se demuestre, nuestras propuestas preventivas han sucedido siempre mucho más tarde que las consecuencias que provocan nuestros actos, consecuencias que son negativas para otras especies y para la nuestra.

Referencias:

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Monclús L, Lopez-Bejar M, De la Puente J, Covaci A, Jaspers VLB. First evaluation of the use of down feathers for monitoring persistent organic pollutants and organophosphate ester flame retardants: A pilot study using nestlings of the endangered cinereous vulture (Aegypius monachus). Environ Pollut. 2018;238:413‐420. 

Freeman NE, Newman AEM. Quantifying corticosterone in feathers: validations for an emerging technique. Conserv Physiol. 2018;6(1):coy051. Published 2018 Oct 11. 

https://www.nationalgeographic.com.es

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